La mujer que me espera en la montaña

Una visión de mi yo del futuro



Hace poco tuve una visión tranquila de mi propio futuro.
No era un sueño.
Era más bien un lugar al que mi vida ya estaba subiendo.

Estoy en la montaña. 

El aire es limpio aquí arriba, como si el mundo respirara más despacio. El viento mueve suavemente mi cabello blanco y largo, y siento que cada hebra guarda una historia que el tiempo fue escribiendo con paciencia. 

A mi lado está el caballo.

Blanco. Fuerte. Silencioso.

No lo monto. No lo dirijo. No lo poseo. Simplemente caminamos juntos.

Durante muchos años creí que la vida era una carrera: llegar, conseguir, demostrar. Pensé que el sentido estaba en avanzar más rápido que el miedo, más rápido que el dolor, más rápido que las dudas.

Pero el tiempo, que es un maestro paciente, me fue enseñando otra cosa.

La vida no era una carrera.
Era una montaña.

Y cada paso, incluso los más difíciles, me estaba llevando aquí.

Ahora lo comprendo mientras miro el valle extendiéndose bajo mis pies, cubierto de una luz suave. Todos los caminos que recorrí, todas las preguntas que me atravesaron, todos los momentos en que sentí que estaba perdida... eran senderos que subían. 

Nada fue inútil.
Nada fue en vano.

El caballo respira tranquilo a mi lado. Siento su presencia como una fuerza noble que siempre estuvo conmigo: la energía de seguir adelante, la dignidad de no rendirme, la libertad de elegir mi propio camino.

No es un caballo de guerra ni de carreras.

Es un caballo libre.

Y yo también lo soy.

No estoy sola, pero tampoco estoy atada. Compartimos el paisaje, el silencio, la altura. Somos dos presencias que han llegado hasta aquí caminando cada una con su propia naturaleza. 

Miro el horizonte y no siento prisa.

He aprendido que la sabiduría no es tener todas las respuestas.
Es poder mirar la vida con calma.

Es comprender que incluso las tormentas forman parte del paisaje. 
Es aceptar que el camino sigue, aunque no sepamos hacia dónde.

Entonces sonrío, porque algo dentro de mí reconoce este lugar.

Como si siempre hubiera sabido que un día estaría aquí arriba, respirando el viento de la montaña, con el corazón tranquilo y el alma abierta.

El caballo levanta ligeramente la cabeza.

Yo también.

Y mientras miramos el mundo en silencio, comprendo algo que me llena de paz:

esa mujer que veo en la montaña
no es solo mi futuro.

Es la persona en la que ya me estoy convirtiendo.

Quizá la vida no sea más que eso: caminar durante años hacia la persona que ya nos está esperando.

Porque al final comprendí algo sencillo y profundo:
no estaba imaginando mi futuro.
Estaba reconociendo el camino de mi alma.



Algún día llegaré a esta montaña.
Y cuando mire el horizonte, sabré que todo el camino valió la pena.


 

Comentarios

  1. Yo me imagino surcando el océano afrontando las adversidades tormentas tempestades días de calma pero con el timón fijo hacia mi destino una playa cálida con arena blanca y agua transparente y en la orilla de una persona sentarnos y ver la puesta de sol

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