Me rompí
Me he preguntado tantas veces a lo largo de este tiempo cuánto dolor puedo aguantar, cuándo me voy a hartar, cuándo va a ser suficiente, cuándo me voy a romper; por fin, porque me urge ponerme a vivir, porque el dolor es demasiado, nunca creí ser tan tolerante al dolor. Nunca creí ser tan dura, tardar tanto en desmoronarme, hacerme agua, fluir. Me duele todo lo que no he dicho, me duele todo lo que he guardado: cajones llenos de poemas, pormenores, sueños, cuadernos atascados de ideas, escritos en mi computadora que escurren letras; me duele el silencio. Me enseñaste a guardarme creyendo que es bueno ser elitista con el arte, que no compartirlo lo hace más valioso, único, que el misterio hace bien, un secreto. Pero guardar lo que me permite respirar es ahogarme, y es que cada vez que inhalo, miro. Cada vez que inhalo, escucho, guardo. Y cada vez que exhalo sale algo como esto. Claro que me estoy muriendo: llevo semanas sin exhalar; me estoy intoxicando de mí misma, de mi propio aliento...