Entradas

Mostrando entradas de enero, 2026

Rendirse no es una opción

Imagen
Rendirse no siempre tiene forma de abandono. A veces se disfraza de cansancio razonable, de "ya está bien así",  de "no pasa nada si lo dejo". Pero yo sé cuándo no es descanso. Sé cuándo es rendición. Rendirse no es una opción cuando miro a mis hijos y entiendo que no esperan de mí perfección, sino presencia. Que mi forma de seguir, incluso cansada, incluso dudando,  les enseña algo que no cabe en palabras: que la vida no se abandona a mitad de camino. Rendirse no es una opción cuando levanto una empresa desde abajo, con más fe que certezas, con días en los que todo parece frágil y aun así sigo. Porque crear algo propio no es solo economía: es identidad. Es decir aquí estoy sin pedir permiso. Rendirse no es una opción en mis relaciones, aunque duela, aunque no siempre me sienta vista, aunque tenga que aprender, todavía, a distinguir entre esperar y sostenerme. No sigo porque sea fácil. Sigo porque sé quién soy cuando no me rindo. Rendirse sería traicionarse. Y no ha...

Aprender a confiar en mí

Imagen
Siempre he confiado en los demás. He creído en la buena fe, en las intenciones, en que el ser humano es, en el fondo, bueno. Y, sin embargo, no he sabido confiar en mí. La gente confía en mí con facilidad. Me cuentan. Me piden. Se apoyan. Me ven fuerte. Y a veces esa confianza ajena me pesa como una responsabilidad que no sé cómo devolverme. Porque por dentro hay otra cosa: una tristeza silenciosa,  una sensación de no saber cómo relacionarme sin perderme, cómo estar sin adaptarme, cómo querer sin desaparecer un poco. No es que no me quiera. Es que no siempre sé cómo cuidarme cuando estoy con otros. Confío tanto fuera porque dentro dudo. Dudo de mi intuición. Dudo de mi derecho a incomodar. Dudo de mi capacidad para sostenerme si dejo de ser comprensiva, si dejo de estar disponible, si dejo de ser fácil. Y eso duele. Duele mirar atrás y reconocer cuántas veces me he quedado en lugares donde algo no encajaba solo por no saber cómo irme sin sentir culpa. Duele sentir que el mundo con...

Cuando decir no se parece a quedarme sola

Imagen
Durante mucho tiempo no supe decir no. No porque no tuviera criterio,  sino porque en algún lugar profundo aprendí que decir sí era una forma de no quedarme sola. La herida del abandono no siempre se manifiesta como miedo a que alguien se vaya. A veces aparece como una necesidad constante de estar disponible, de ser útil, de no fallar. Porque si estoy,  si ayudo,  si sostengo,  quizá no se vayan.  Así aprendí a dar más de lo que podía. A adaptarme. A llegar incluso cuando no me quedaban fuerzas. Con los demás soy presencia. Conmigo, exigencia.  Decir no me removía algo antiguo: la culpa, el temor a decepcionar, la sensación de que poner un límite era arriesgar el vínculo. Y poco a poco, esa dificultad para decir no se convirtió en una forma silenciosa de abandono hacia mí. En el trabajo, en las relaciones, en lo cotidiano, me acostumbré a aceptar menos de lo que necesitaba y más de lo que me correspondía. Como si no mereciera descanso. Como si la calma hubi...

Cuando dudo si merezco

Imagen
Durante mucho tiempo pensé que mi miedo era perder. Ahora empiezo a reconocer otro más silencioso: el miedo a recibir. A que el amor sea pleno. A que la calma no se rompa. A que lo bueno llegue sin pedirme algo a cambio. Como si la vida tuviera que doler para ser válida. Como si la facilidad escondiera siempre una trampa. Aprendí a esforzarme de más. A justificar lo que me hacía bien. A desconfiar de lo que fluía. Si algo llegaba sin lucha, mi cuerpo se tensaba. Esperando el precio. Este miedo no grita. Se disfraza de prudencia. De modestia. De conformidad. Se parece a no pedir. A no esperar. A aceptar menos de lo que el alma desea porque, en el fondo, una parte de mí aún pregunta si de verdad lo merece. Y no habla solo de amor. Habla de trabajo. De dinero. De descanso. De placer. De permitir que la vida sea amable sin sospechar de ella. Quizá sanar no sea demostrar que valgo. Quizá sea dejar de vivir como si tuviera que ganármelo todo. Tal vez no se trate de ser suficiente,  sino ...

La herida que elige lo imposible

Imagen
Durante mucho tiempo pensé que tenía mala suerte en el amor. Ahora sé que no era suerte. Era miedo. No miedo a amar, sino miedo a que el amor fuera real. Físico. Presente. Demasiado cercano como para poder huir. La herida de abandono no siempre se manifiesta como tristeza. A veces se disfraza de elecciones imposibles. A veces protegerse se parece mucho a esperar Personas no disponibles. Personas lejos. Personas que, de una forma u otra, no pueden quedarse. Y el subconsciente, tan listo, tan protector,  dice: aquí no hay peligro. Porque donde no puede haber presencia, tampoco puede haber abandono. Yo aprendí eso muy pronto. Aprendí que cuando más vulnerable estaba, cuando más necesitaba,  el otro no sabía cómo quedarse. Estuve enferma. Muy enferma. Y mientras mi mente se rompía por dentro, el amor que conocía se llenó de ausencias, de hospitales, de silencios largos. Me llevaron, y me dejaron allí. No por maldad. Quizá por miedo. Pero mi cuerpo no entiende de matices: solo recu...

Creer o saber

Imagen
Construir por fuera, ordenarse por dentro Últimamente pienso mucho en eso de mirar hacia dentro.  No como algo grandilocuente ni místico,  sino como un gesto sencillo, casi cotidiano. A veces creemos que la vida consiste en correr, en producir, en demostrar. Y, sin embargo, hay momentos y personas que nos recuerdan otra cosa: que también se puede vivir escuchándose. Hay quienes hablan de creer. Otros hablan de saber. Y quizá la diferencia esté en esto: creer mira hacia fuera, pero saber... saber nace cuando uno se observa con honestidad. Yo estoy en un momento así. Construyendo algo nuevo por fuera, sí... pero, sobre todo, ordenándome por dentro. Aprendiendo a hacer las cosas con calma, sin traicionarme, sin ruido innecesario. He pensado que tal vez eso sea lo verdaderamente esencial: no tener todas las respuestas, sino atrevernos a habitarnos. Porque cuando una se estudia por dentro, con respeto, con paciencia, empieza a entender qué le da paz y qué ya no le pertenece. Y ento...

Habitar el vacío

Imagen
  Mi alma está cansada porque ha tenido que ser fuerte cuando no quería, porque no siempre pudo romperse y aun así siguió. Está cansada de aguantar sin testigos, de recomponerse deprisa, de no tener tiempo para caer porque siempre había algo más urgente. Estoy cansada de entenderlo todo. De justificarlo todo. De ser la adulta responsable cuando por dentro solo quería parar y llorar sin tener que explicarme. Mi alma está cansada de sostener lo que no se nombra, de tragarse palabras, de vivir con miedo a no poder más y aun así levantarse. No estoy mal. Estoy agotada de tanto resistir. Y no quiero lecciones, ni mensajes luminosos, ni que me digan que “todo pasa”. Hoy solo quiero reconocer que me pesa existir algunos días, que a veces vivir duele, y que eso también es verdad. Si tengo que sanar, que sea despacio. Si tengo que seguir, que sea con menos carga. Porque no necesito ser más fuerte. Necesito ser menos exigida, incluso por mí. Sigo aquí. _...

Me rompí (dirigido a mi ego)

Imagen
  Me rompí (dirigido a mi ego) Me he preguntado tantas veces a lo largo de este tiempo cuánto dolor puedo aguantar, cuándo me voy a hartar, cuándo va a ser suficiente, cuándo me voy a romper; por fin, porque me urge ponerme a vivir, porque el dolor es demasiado. Nunca creí ser tan tolerante al dolor. Nunca creí ser tan dura, tardar tanto en desmoronarme, hacerme agua, fluir. Me duele todo lo que no he dicho, me duele todo lo que he guardado, cajones llenos de poemas, pormenores, sueños, cuadernos atascados de ideas, escritos en mi computadora que escurren letras, me duele el silencio. Me enseñaste a guardarme creyendo que es bueno ser elitista con el arte, que no compartirlo lo hace más valioso, único, que el misterio hace bien, un secreto. Pero guardar lo que me permite respirar es ahogarme, y es que cada vez que inhalo, miro. Cada vez que inhalo, escucho, guardo. Y cada vez que exhalo sale algo como esto. Claro que me estoy muriend...