El olor a limpio, donde empieza la paz
Hay días en los que no necesitas cambiar tu vida entera. Solo cambiar las sábanas. Parece algo pequeño. Casi insignificante. Pero no lo es. Es abrir la ventana cuando por dentro todo está un poco cargado. Sacudir lo que ya no sabes ni cómo nombrar. Ordenar fuera... cuando dentro aún hay ruido. Y sin darte cuenta, algo se afloja. No porque todo esté bien. Sino porque, al menos por un momento, te estás cuidando. Las sábanas recién puestas no solo huelen a limpio. Huelen a refugio. A tregua. A un lugar donde poder caer cuando el día ha sido demasiado. Porque hay días en los que sostienes más de lo que puedes, en los que sonríes sin ganas, en los que sigues... aunque por dentro estés cansada. Y llegar por la noche, meterte en una cama ordenada, y sentir ese olor a limpio... es una forma muy silenciosa de decirte: "aquí puedes descansar... aunque sea un rato." No todo se arregla. Pero algo se calma. Y quizá la paz no sea otra cosa que eso... pequeños gestos que no cambian el mun...