La fe tranquila en medio del caos

Hay momentos en la vida
en los que todo parece moverse a la vez.

Por dentro...
y también por fuera.

Las cuentas no siempre salen.
El futuro no está claro.
Y hay una sensación constante 
de no saber muy bien qué va a pasar.

No es solo una emoción.
Es la vida real.

Esa que aprieta un poco más de lo esperado
y te obliga a mirarlo todo de frente.

Y entonces aparece la duda.

¿Y si no sale bien?
¿Y si me equivoco?
¿Y si no es suficiente?

Antes pensaba que sostenerse
era tener seguridad.

Ahora empiezo a entender
que sostenerse...
es quedarse incluso cuando no la hay.

Es seguir adelante
aunque no tengas todas las respuestas.

Es hacer lo que puedes
con lo que tienes.

Es no abandonar el camino
solo porque aún no ves el final.

Y sí... hay miedo.

Hay días en los que pesa más.
En los que todo parece inestable.

Pero también hay algo más.

Más silencioso.
Más profundo.

Una especie de certeza que no grita,
pero que insiste.

Que dice:

confía.
Aunque no lo veas todo claro.
Aunque no tengas garantías.

No es una voz eufórica,
No promete nada espectacular.

Pero está.

Y vuelve.
Y se queda.

Y en medio de la incertidumbre,
eso cambia algo.

Porque ya no todo depende
de que las cosas salgan perfectas.

Depende también 
de no dejar de creer
en lo que estás construyendo.

Sostenerse cuando todo tiembla
no es no tener miedo.

Es no dejar que el miedo decida por ti.

Y quizá, dentro de todo esto,
lo más valiente no sea tenerlo claro...

sino seguir caminando
con una fe tranquila
que no sabes explicar,

pero que, de algún modo,
sientes que te está llevando
exactamente
a donde necesitas estar.




Comentarios

Publicar un comentario