La serpiente y la luciérnaga
Una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga. La luciérnaga huía, asustada, durante días. Hasta que, agotada, se detuvo y preguntó: ¿Puedo hacerte tres preguntas? Sí. Respondió la serpiente. ¿Formo parte de tu cadena alimenticia? No. ¿Te he hecho algún daño? No. Entonces... ¿por qué quieres acabar conmigo? La serpiente respondió: Porque no soporto verte brillar. ____________________________________________________ La luciérnaga no hacía ruido. No pedía atención. Ni siquiera intentaba destacar. Solo brillaba. Y eso fue suficiente. La serpiente no tenía hambre. No estaba en peligro. No había sido herida. Pero algo dentro de ella se revolvía cada vez que veía esa luz tranquila, esa forma de existir sin esfuerzo, sin rabia, sin necesidad de imponerse. La persiguió. No por instinto. Por incomodidad. Hasta que la luciérnaga, cansada, preguntó: ¿Qué te he hecho? Y la serpiente, sin adornos, respondió: Nada. Ese es el problema. ________________________________________________________ Hay ...