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El ritual de la pausa

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¿Dónde nace la visión? Hay un arte olvidado que ya no se enseña en las escuelas del mundo ni se honra en los altares del rendimiento. Es el arte de pausar, no como interrupción ni como espera, ni siquiera como descanso, sino como creación invisible.  En una era que ha deificado el movimiento, detenerse es considerado pecado y, sin embargo, todo lo sagrado se gesta en lo inmóvil. La visión no nace cuando se busca, se revela cuando se deja de mirar. Los antiguos lo sabían. En el Dharma, ese conjunto de enseñanzas atribuidas al Buda y recogido en diversas tradiciones del sur asiático. Existe una versión birmana poco difundida donde se dice: El ojo que no busca ve el oro en el barro. La mente que no corre escucha la forma de la nube.   Este aforismo fue citado por un maestro monástico birmano del siglo XVIII, el venerable Saraya Tab Amsa, como la clave del Sami profundo. No el estado de concentración forzada, sino la inmovilidad fértil donde el alma, como un loto cerrado, empieza ...

Cuando no hay palabras, solo presencia

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Hoy quiero hablar sobre esas conexiones profundas que compartimos con quienes amamos, especialmente cuando alguien cercano está atravesando momento difíciles. Ver a alguien que quieres enfrentarse a la oscuridad de la tristeza o la depresión puede generar una sensación de impotencia, porque, aunque deseamos ser su refugio, a veces no sabemos cómo aliviar su dolor.  Es desgarrador ver cómo luchan en su interior mientras sentimos ese nudo en la garganta, queriendo decir o hacer algo que los haga sentirse mejor, pero sabiendo que no siempre podemos ofrecer respuestas inmediatas. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es estar presentes. A veces, el mayor consuelo no está en las palabras, sino en la compañía, en ese silencio que les dice: "Aquí estoy, no te dejaré solo." No podemos llevar su carga por ellos, pero podemos caminar a su lado, ofrecerles una mano cuando lo necesiten, y recordarles que, aunque todo parezca oscuro, hay luz, incluso en los días más grises. A veces, lo úni...

La invitación

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No me interesa lo que haces para ganarte la vida. Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón. No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo. No me interesa qué planetas están en armonía con tu luna.  Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has marchitado y cerrado por el miedo al dolor futuro. Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, el mío o el tuyo, sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene hasta la punta de los dedos, sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas, o que recordemos las limitaciones de los seres humanos. No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera. Quiero saber si decepcionas a otros para serte fiel...

Me rompí

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Me he preguntado tantas veces a lo largo de este tiempo cuánto dolor puedo aguantar, cuándo me voy a hartar, cuándo va a ser suficiente, cuándo me voy a romper; por fin, porque me urge ponerme a vivir, porque el dolor es demasiado, nunca creí ser tan tolerante al dolor. Nunca creí ser tan dura, tardar tanto en desmoronarme, hacerme agua, fluir. Me duele todo lo que no he dicho, me duele todo lo que he guardado: cajones llenos de poemas, pormenores, sueños, cuadernos atascados de ideas, escritos en mi computadora que escurren letras; me duele el silencio. Me enseñaste a guardarme creyendo que es bueno ser elitista con el arte, que no compartirlo lo hace más valioso, único, que el misterio hace bien, un secreto. Pero guardar lo que me permite respirar es ahogarme, y es que cada vez que inhalo, miro. Cada vez que inhalo, escucho, guardo. Y cada vez que exhalo sale algo como esto. Claro que me estoy muriendo: llevo semanas sin exhalar; me estoy intoxicando de mí misma, de mi propio aliento...

Bienvenid@ a Entre café, música y estrellas

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Mi nombre es María José. Hay lugares que no están en un mapa, pero que todos necesitamos encontrar. Este blog quiere ser uno de ellos: un rincón para detenerse, tomar aire y escuchar la vida desde otra perspectiva. Entre sorbos de café, melodías que nos acompañan y la calma de las estrellas, iré compartiendo reflexiones, preguntas y pequeñas historias que nos invitan a mirar más adentro. Aquí no hay prisa, no hay exigencias. Solo un espacio para sentir, pensar y dejarse llevar. Ojalá cada lectura sea para ti un instante de pausa, un respiro en medio del ruido. Gracias por estar aquí. Te invito a que tomes asiento, prepares tu café favorito y me acompañes en este viaje de palabras y silencios compartidos. Un lugar para detenerte, sentir y reflexionar… pequeños instantes de pausa para escuchar la vida.