Todo lo que perdí mientras sobrevivía

 



Hay días en los que me miro...
y no sé muy bien quién soy.

No es que haya cambiado.
Es que siento que me he ido perdiendo en trozos pequeños, casi sin darme cuenta.
Como si la vida hubiera ido arrancando partes de mí
mientras yo estaba ocupada sobreviviendo.

Y lo peor no es eso.
Lo peor es recordar quien fui.

Esa mujer que, aun con sus miedos,
tenía algo encendido dentro.
Algo vivo.
Algo que no necesitaba permiso para sentirse.

No era perfecta.
Sentía demasiado, se equivocaba, se rompía...
pero lo hacía desde un lugar que era suyo.

Ahora...
hay días en los que ni siquiera sé si lo que siento es mío
o es lo que ha quedado después de todo.

La vida no siempre llega como esperas.
A veces no entra con ruido, ni con grandes golpes.
A veces se cuela despacio...
y cuando te quieres dar cuenta,
ya te ha cambiado por dentro.

Te ha hecho más dura.
Más callada.
Más cansada.

Y te ves sosteniendo cosas que nunca elegiste.
Siendo alguien que no reconoces del todo.
Viviendo una vida que, si eres honesta...
no pedirías de nuevo.

Y entonces aparece ese pensamiento incómodo, casi prohibido:
"Lo daría todo por volver atrás."

No para hacerlo perfecto.
Sino para hacerlo distinto.
Para proteger mejor a esa mujer que fui.
Para no dejarla tan sola en algunos momentos.

Porque sí...
me rompí.

Y muchas veces no pedí ayuda.
No porque no la necesitara,
sino porque ni siquiera sabía cómo hacerlo.

He sido un desastre.
He sido contradictoria.
He sido dura conmigo hasta hacerme daño.

Y sí...
también he sido amable.
Más de lo que debería, a veces.
Sobre todo cuando no era conmigo.

Y en medio de todo eso...
hay una sensación que pesa más de lo que se dice:
la soledad.

Esa que no siempre se ve.
Esa que te acompaña incluso cuando todo parece estar "bien".

Pero hay algo que no puedo negar, aunque a veces me cueste verlo:
sigo aquí.

Con lo roto.
Con lo que duele.
Con lo que no entiendo.

Sigo aquí.

Y quizás no se trata de recuperar a la mujer que fui.
Quizás esa ya no existe de la misma forma.

Pero tampoco soy solo esto que veo ahora.

Porque hay algo que no termina de irse...
algo que no desaparece del todo,
aunque lo haya dado por perdido muchas veces.

Y a veces lo noto.
Muy leve.
Casi como un susurro.

No sé si es fuerza.
No sé si es memoria.
No sé si es lo poco que queda...

o lo mucho que aún no ha muerto.

Comentarios

  1. Hay que seguir creciendo en todos los sentidos y aunque te des cuenta tarde puedes seguir creciendo

    ResponderEliminar
  2. Tu amamabilidad han hecho de ti un referente intelectual. Nunca las escondas, por miedo a ser mal interpretada.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Habitar el vacío

Cuando una radio se apaga

El olor a limpio, donde empieza la paz