Yo fui el silencio
Este texto nace desde mi experiencia y mi sentir. No busca señalar a nadie, sino dar voz a algo que durante años no supe expresar.
Yo no elegí hablar de esto.
Durante muchos años, en mi familia, esto no se hablaba.
La enfermedad mental era ese cuarto cerrado al que nadie entra.
Ese tema que se esquiva con silencios incómodos, con miradas que cambian de dirección, con frases que intentan pasar de largo como si así no existiera.
Pero yo estuve ahí dentro.
Yo fui ese cuarto.
He sentido lo que es perderte dentro de tu propia mente.
Sentir que ya no puedes confiar en lo que piensas, en lo que percibes, en lo que eres.
Y aun así... tener que seguir viviendo.
Y lo más duro no fue solo eso.
Lo más duro fue sentir que, mientras yo me rompía por dentro...
afuera no sabían cómo sostenerme.
O peor aún... no querían mirar.
En mi casa me enseñaron a callar.
A no contar nada.
A hacer como si lo que dolía... fuera algo que se puede borrar simplemente dejando de nombrarlo.
"Eso no se dice."
"Eso es malo."
"Eso se olvida."
Pero no se olvida.
Lo que no se habla... se queda dentro.
Y lo que se queda dentro... a veces crece en silencio hasta que duele más.
A veces he sentido que mi propia historia era algo de lo que avergonzarse.
Como si lo que me pasó dijera algo malo de mí.
Como si fuera una mancha en lugar de una herida.
Y esa sensación... duele de una forma muy silenciosa.
Porque no es un golpe.
Es una distancia.
Es sentir que no te ven.
Que no te comprenden.
Que prefieren una versión más cómoda de la realidad... aunque no sea verdad.
Y entonces aparece la culpa.
Siempre aparece.
¿De dónde viene esto?
¿De quién es?
¿A quién señalamos para sentir que todo tiene sentido?
Ahora lo estoy viendo otra vez.
Mi hijo.
Mi hijo... atravesando su propia oscuridad.
Mi hijo... luchando contra algo que no se ve, pero que pesa como si fuera el mundo entero.
Y otra vez lo mismo.
Buscar culpables.
Buscar explicaciones rápidas.
Mirar hacia otro lado en lugar de mirar de frente.
Pero yo ya no puedo hacer eso.
Porque yo sé lo que se siente.
Sé lo que es estar dentro de esa tormenta...
y notar que los demás no saben cómo acercarse.
Sé lo que es necesitar comprensión...
y recibir silencio.
Con mi hijo... yo he decidido hacer algo distinto.
No siempre quiere hablar.
Casi nunca, de hecho.
Pero cuando quiere...
cuando encuentra un pequeño hueco...
yo estoy ahí.
Sin juzgar.
Sin corregir.
Sin intentar arreglarlo todo.
Solo escuchando.
Dejándole que se exprese, aunque sea a trozos, aunque sea difícil, aunque a veces no sepa ni ponerle nombre a lo que siente.
Porque yo sé lo que es no poder hablar.
Y sé lo que duele que nadie te pregunte de verdad.
El día que mi hijo intentó irse... algo en mí se rompió de una forma que no se puede explicar con palabras.
Es un dolor que no tiene forma.
Es un miedo que no se va nunca del todo.
Es mirar a alguien que amas con todo lo que eres...
y darte cuenta de que no puedes salvarlo de todo.
Y eso...
eso es lo más desgarrador que existe.
He sentido una impotencia tan grande que me dejaba sin aire.
Ganas de meterme dentro de él y apagarle el dolor.
De cambiarle la mente, de borrarle la tristeza, de devolverle la paz.
Pero no puedo.
Y aprender eso... ha sido una de las lecciones más duras de mi vida.
Lo único que puedo hacer... es quedarme.
Quedarme cuando duele.
Quedarme cuando no entiendo.
Quedarme cuando todo dentro de mí tiembla.
Quedarme... aunque no tenga respuestas.
Porque si algo he aprendido en todo este camino...
es que lo que salva no siempre es una solución.
A veces... lo que salva es la presencia.
Es mirar a alguien y decirle, sin palabras:
"No te entiendo del todo... pero no me voy."
"No puedo curarte... pero voy a caminar contigo."
"No tengo todas las respuestas... pero aquí tienes mi mano."
Durante mucho tiempo pensé que lo que me pasó era algo que había que esconder.
Ahora sé que no.
Ahora sé que el silencio no protege...
el silencio aísla.
Y yo no quiero que mi hijo crezca sintiendo que tiene que esconder lo que le pasa.
No quiero que viva lo que yo viví.
Ahora sé que hay historias que duelen...
pero que, cuando se cuentan, dejan de estar solas.
Y quizá...
solo quizá...
hablar de esto sea una forma de romper algo que llevaba demasiado tiempo en silencio.
Con el paso de las horas, he sentido que necesitaba añadir algo más a esta reflexión.
Mi familia estuvo.
Estuvieron cuando más falta hacía.
Cuando yo no podía sostenerme... ellos sostuvieron lo que pudieron.
Y sé que, si hoy estoy aquí, no es solo por mí.
Es también por ellos.
Por mis padres.
Por su forma, quizá imperfecta, quizá desde el miedo, de intentar protegerme.
Porque a veces, el silencio no nace de la indiferencia...
sino del no saber cómo hacer las cosas de otra manera.
Durante mucho tiempo me dolió no poder hablar de esto con ellos.
Pero hoy también puedo ver que hicieron lo que supieron, con las herramientas que tenían.
Y eso... también es amor.

Maravilloso Spiritina eres un ser humano maravilloso y sabes ayudar siempre sea escuchando o comunicando
ResponderEliminarGracias. Este texto ha salido desde un lugar muy profundo, y saber que llega así... emociona mucho.
EliminarAl final, creo que todos intentamos hacer lo que podemos con lo que llevamos dentro, y si en el camino podemos acompañarnos un poco, ya merece la pena.
Comunicar es una función inherente al ser humano, si la silencias....
ResponderEliminarTotalmente, cuando la comunicación se silencia, algo dentro se queda sin espacio.
EliminarDurante mucho tiempo pensé que callar protegía, pero con los años he entendido que lo que no se nombra, se queda dentro y pesa.
Gracias por tu reflexión.
Es duro ver que alguien a quien quieres se enfrenta a un problema, una enfermedad, una adicción... Y cuando has pasado por algo parecido se hace aún más duro. Ver que no puedes hacer mucho por ayudar es una impotencia enorme. Pero efectivamente puedes estar, eso es muy importante. Tender la mano, aunque sabes que no puedes caminar por ellos, pero estar siempre ahí. El silencio no es de indiferencia, de reproche u ocultación sino de comprensión, de presencia, de escucha. Diciendo "estoy aquí pase lo que pase".
ResponderEliminarMucha fuerza
Eres una persona muy valiente y excepcional por compartir tus sentimientos y sé que siempre estarás a su lado y con la cabeza bien alta y orgullosa de tu hijo
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