El lugar donde todo se reúne

Hay una idea que a veces aparece en mi mente como una intuición silenciosa.

No sé de dónde viene. 
No sé si es imaginación, memoria o simplemente una forma extraña de pensar el universo. Pero cuando aparece, lo hace con una claridad inquietante, como si durante un instante pudiera mirar la realidad desde muy lejos.

La idea es que quizá toda la existencia esté moviéndose lentamente hacia un mismo punto. 

No lo vemos porque estamos dentro de la historia, viviendo nuestras pequeñas escenas: nacemos, amamos, tememos, preguntamos, buscamos respuestas. Todo parece avanzar hacia adelante, como si el tiempo fuera un río que no deja de correr.

Pero a veces imagino otra posibilidad.

Imagino que todo lo que existe, cada estrella, cada planeta, cada vida, cada recuerdo, no está solo expandiéndose sin sentido por el universo, sino formando parte de un movimiento más profundo.

Un movimiento de regreso.

No como una catástrofe final.
No como el fin del mundo.

Más bien como una respiración.

El universo se expande...
y en algún momento, comienza a recogerse.

Las galaxias dejan de alejarse.
La materia empieza a plegarse suavemente.
El tiempo mismo parece inclinarse hacia dentro.

Y todo empieza a volver.

Las estrellas.
Los mundos.
Las historias de la humanidad.
Las vidas que se han vivido.
Los amores, los miedos, los nacimientos, las despedidas.

Todo.

Todo regresa.

Pero lo más extraño de esta intuición es que, cuando imagino ese momento, siento que todo pasa a través de la conciencia. Como si la conciencia fuera el lugar donde el universo entero termina reuniéndose.

Todo atraviesa ese punto.

Las montañas.
Los océanos.
Los animales.
Los recuerdos de cada vida.

Todo lo que alguna vez existió.

No ocurre con violencia.

Ocurre con una calma inmensa, casi inevitable, como cuando una ola vuelve al mar del que salió.

Y cuando todo termina de reunirse...
cuando ya no queda nada separado...
cuando la última estrella y la última historia han regresado al mismo lugar...

entonces ocurre algo muy simple.

No aparece una explicación.

No aparece una teoría sobre el universo.

Solo aparece una comprensión absoluta.

Una comprensión tan total que no necesita palabras.

Como cuando llevas toda la vida intentando resolver algo y de repente lo entiendes sin esfuerzo.

Y en ese instante, toda la existencia parece hacer el mismo gesto silencioso.

El gesto de quien por fin reconoce algo que siempre estuvo delante de sus ojos.

Y simplemente dice, casi como un suspiro:

Ah.



Comentarios

  1. Tal vez el universo sea como nuestros pensamientos infinitos, sin comprensión y a la vez con comprensión

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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