Certeza antes del amanecer

 




A las seis de la mañana, cuando aún no había amanecido,
un mirlo decidió que ya era de día.

Cantaba solo.
Fuerte.
Claro.
Como si no le importara que el mundo todavía estuviera dormido.

Y durante unos segundos, dudé:

Pensé que quizá se me había hecho tarde, 
que el tiempo había avanzado sin mí,
que algo iba por delante y yo llegaba después.

Pero no.

Era solo un pájaro...
o quizá no solo eso.

Porque en medio de ese canto,
me vino algo que no era sonido.

Era una frase. 
Una certeza suave, pero firme:

Confía.
No te rindas.
La vida está contigo.

No había hecho ninguna pregunta.
No había pedido ninguna señal. 

Y aun así... algo respondió.

O quizá no respondió nada de fuera.

Quizá fui yo,
escuchándome un poco más claro
en el momento exacto en que todo estaba en silencio.

El mirlo no esperaba a que amaneciera.
Cantaba como si la luz ya estuviera aquí.

Y pensé...

¿y si confiar fuera eso?

No tener pruebas.
No ver todavía el día.
Pero aun así...
cantar.

Porque tal vez la vida no siempre nos habla con respuestas.
A veces solo nos coloca frente a nosotros mismos,
sin ruido,
sin distracciones,
sin excusas.

Y ahí...
en ese instante desnudo...

no queda nada más que elegir:

seguir dudando...
o empezar a creer antes de ver.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Habitar el vacío

Cuando una radio se apaga

El olor a limpio, donde empieza la paz