No soy una víctima
Hay relatos que empiezan como una puerta abierta...
y acaban siendo otra habitación sin ventanas.
y acaban siendo otra habitación sin ventanas.
El feminismo, en muchos momentos, ha sido esto:
una grieta por la que entró aire.
Un gesto valiente.
Un antes y un después.
Y sin embargo...
hay algo en el eco actual que no termina de resonar en mí.
No porque niegue lo que fue.
Sería injusto.
Sería ciego.
Sino porque percibo un matiz más silencioso,
más difícil de nombrar,
pero imposible de ignorar cuando lo sientes dentro:
la identidad construida desde la herida.
Como si, para pertenecer, hubiera que doler.
Como si, para ser legítima, hubiera que señalar.
Como si la fuerza necesitara una causa externa para existir.
Y ahí... algo en mí se detiene.
No quiero vivir desde lo que me falta.
No quiero habitar un lugar donde siempre hay una deuda pendiente.
No quiero mirar el mundo esperando que confirme mi desventaja.
Porque entonces dejo de estar en la vida...
y paso a estar en una narrativa.
Y las narrativas, aunque a veces protegen,
también pueden encerrar.
Hay una pregunta que no es cómoda, pero es honesta:
¿Qué parte de lo que defendemos nos sostiene...
y qué parte nos limita sin que nos demos cuenta?
Porque no toda conciencia libera.
Algunas solo cambian el tipo de jaula.
Ser mujer, para mí, no es una herida que haya que sostener eternamente.
Es un espacio desde el que elegirme.
Elegirme sin rabia como punto de partida.
Elegirme sin necesidad de oposición.
Elegirme sin convertir mi historia en una identidad fija.
Y quizá hay otra trampa más sutil,
más difícil de ver porque se disfraza de justicia:
la necesidad de dividir.
De colocar a hombres y mujeres en lados opuestos,
como si comprender implicara enfrentarse,
como si sanar exigiera señalar.
Y entonces ya no estamos hablando de igualdad...
sino de bandos.
Porque cuando conviertes al otro en el problema,
aunque cambies el discurso...
sigues necesitando que exista para sostenerte.
Y eso no es libertad.
Es dependencia con otro nombre.
No quiero un lugar donde para afirmarme tenga que oponerme.
No quiero una identidad que necesite contraste para existir.
Porque en el fondo...
todo lo que nace desde la confrontación,
termina alimentándola.
Y yo no quiero vivir en guerra, aunque sea una guerra bien argumentada.
Porque sí, hay injusticias.
Sería ingenuo negarlo.
Pero también hay algo más profundo,
más íntimo,
más difícil de delegar:
la forma en la que me posiciono frente a lo que me ocurre.
Y esto incomoda, porque no señala fuera.
Ser víctima duele.
Pero también organiza.
Da sentido.
Crea pertenencia.
Te dice quién eres...
sin tener que preguntártelo demasiado.
Pero hay un precio.
Y es que cuando te quedas ahí,
el poder siempre está en otro sitio.
El poder real no hace ruido.
No necesita testigos.
No vive en la reacción.
Se construye en un lugar más desnudo:
donde nadie te debe nada,
pero tú eliges igualmente quién eres.
No estoy en contra de nada.
Pero tampoco quiero un discurso que, para hacerme fuerte, necesite recordarme constantemente que lo soy menos.
Porque entonces, aunque cambien las palabras...
el lugar es el mismo.
Y hay otra forma de estar.
Una en la que no necesito luchar todo el tiempo.
Una en la que no me siento por debajo... ni por encima.
Una en la que simplemente soy.
Y desde ahí...
si para sentirte fuerte necesitas verte como víctima,
quizá no te estás liberando...

Vivimos en una sociedad clasista, claro que somos los hombres y las mujeres diferentes también son diferentes las mujeres entre sí y los hombres entre sí pero nos une algo muy importante que todos somos personas con nuestros derechos y obligaciones nuestros defectos y virtudes con todos nuestros sentimientos y con las mismas oportunidades en todos los ámbitos de la vida pero me da la impresión que cada vez nos separamos más por política sociedad e intereses ocultos. Somos todos personas y nos deberíamos comportar así sin mirar distinción de género raza ideología etc. Tendríamos que intentar hacer una sociedad igualitaria para todos aprendiendo desde nuestros errores pasados además creo que sería bueno para la relación de pareja conocer sus inquietudes sueños deseos sentimientos bueno esto es mi opinión como persona
ResponderEliminar