Gracias por no soltarme
Un homenaje a las madres que se quedan incluso cuando todo tiembla
A veces creemos que las madres están hechas de algo distinto.
Como si no sintieran el cansancio igual,
Como si no sintieran el cansancio igual,
como si el miedo no las atravesara,
como si siempre supieran qué hacer.
Pero no.
Las madres también dudan, también se rompen en silencio,
también tienen días en los que el mundo pesa más de la cuenta.
Y aun así... se quedan.
Se quedan cuando todo tiembla,
cuando no hay respuestas,
cuando nadie más sabe sostener.
Se quedan... y sostienen.
Mi madre no solo me dio la vida.
Me sostuvo cuando la mía se tambaleaba.
Cuando yo me perdía por dentro,
ella me traía de vuelta a lo sencillo,
a lo cotidiano,
a lo que parecía pequeño...
pero era lo único capaz de anclarme.
Sin grandes discursos.
Sin etiquetas.
Solo con esa forma suya de estar,
de insistir,
de no soltarme.
Hoy no quiero idealizarla.
Quiero reconocerla.
Reconocer sus esfuerzos invisibles,
sus renuncias que nunca anunció,
su forma de cuidar incluso cuando nadie la cuidaba a ella.
Porque ser madre no es solo dar.
Es darse... una y otra vez,
sin garantías, sin aplausos, sin descanso real.
Y aun así... amar.
A todas las madres,
las que están, las que estuvieron,
las que lo intentan cada día con lo que tienen,
las que a veces sienten que no es suficiente...
Sí lo es.
Porque no hay amor más valiente
que el que se queda incluso cuando duele.
Y a ti, mamá...
gracias por ser hogar,
incluso cuando yo aún no sabía dónde estaba el mío.
Gracias por sostener sin hacer ruido,
por cuidar sin pedir nada a cambio,
por quedarte... incluso cuando no era fácil.
Si hoy estoy aquí,
haciendo vida,
cuidando de los míos,
es porque un día tú decidiste no soltarme.
Y porque, sobre todo ese sostener en silencio,
también estaba la voz de mi padre diciendo:
"Aprende de tu madre...
niña, hay que echarle valor a la vida."
Y yo no lo entendía del todo entonces.
Hoy sí.
Porque no me enseñasteis a no caer...
me enseñasteis a saber volver.
Y a tener el valor de quedarme.

Qué homenaje más bonito 😍😍😍
ResponderEliminarDurante mucho tiempo pensé que ser amable era simplemente una cuestión de educación. Decir “gracias”, “por favor”, sonreír, ayudar cuando alguien lo necesitaba. Pero la vida me enseñó que la verdadera amabilidad va mucho más allá de las buenas maneras. La verdadera amabilidad nace del alma. Es esa capacidad de tratar con humanidad incluso cuando uno mismo está roto por dentro.
ResponderEliminar