Cuando una mujer se rompe... y nadie sabe sostenerla


 Dos personas que se querían... y un dolor que ninguno supo abrazar. 




Hay momentos en la vida en los que una mujer no se vuelve más fuerte... 
se vuelve más frágil.

Y uno de ellos, a veces, llega después de dar vida. 

No siempre es luz, ni piel con piel, ni felicidad desbordada.
A veces es niebla.
Cansancio que no cabe en el cuerpo.
Miedo sin nombre.
Una tristeza que no tiene explicación... pero lo ocupa todo.

Y entonces, alrededor, ocurre algo que casi nadie dice en voz alta.

Muchas mujeres no solo sostienen a su bebé...
también sostienen la ausencia emocional de su pareja. 

Hombres que no saben qué hacer.
Que se sienten desplazados.
Que no entienden lo que está pasando.
Que, en lugar de acercarse, se alejan.
No siempre es por falta de amor...
sino por falta de herramientas.

Porque a muchos hombres nadie les enseñó a sostener el dolor emocional.
Nadie les explicó cómo acompañar a una mujer que no puede ni sostenerse a sí misma.
Nadie les habló del posparto más allá de lo físico.

Y entonces ocurre ese choque silencioso:
ella cayendo...
y él sin saber cómo recogerla.

Algunas mujeres desarrollan depresión.
Otras atraviesan lugares aún más profundos y desconcertantes. 
Yo también estuve ahí.

Y en lugar de encontrar un refugio, encuentran distancia.

Y eso duele de una forma difícil de explicar.

Porque no solo estás perdida dentro de ti...
también te sientes sola al lado de quien debería ser hogar.

Pero esta historia no va de señalar.
Va de comprender sin justificar el daño.

Ellos, muchas veces, no supieron hacerlo mejor.
Pero eso no significa que no doliera.
Y tampoco significa que una mujer tenga que quedarse donde no es sostenida.

Hay algo importante que decir, aunque incomode:

El amor no siempre es suficiente cuando no hay presencia.
Y la buena intención no sustituye al cuidado.

Aun así... también es cierto que hay hombres aprendiendo.
Escuchando.
Quedándose.
Sosteniendo sin huir.

Y eso también merece ser visto.

Porque quizá no se trata de enfrentar a hombres y mujeres,
sino de crecer juntos en algo que antes nadie nos enseñó:

Cómo cuidar a alguien cuando la vida le desborda.

Y si tú fuiste una de esas mujeres que cayó...
y tuvo que levantarse casi sola,

escucha esto bien:

No estabas fallando como mujer.
No estabas fallando como madre.
Estabas atravesando una tormenta que necesitaba dos manos...
y tuviste que aprender a nadar con una sola.

Y, aun así, no te ahogaste.

Y eso, aunque nadie te lo haya dicho como mereces, 
también es una forma inmensa de amor.

Pero ojalá algún día dejemos de llamar "fortaleza"
a todo lo que en realidad fue falta de cuidado.

Y, a veces, comprender eso... también es empezar a sanar.

Comentarios

  1. Precioso. Se lo enviaré a mi hermana, que va a ser mamá en breve. Gracias por compartir 😘😘

    ResponderEliminar
  2. Eres única mi niña..es precioso

    ResponderEliminar
  3. Mejor envíaselo a tu cuñado (respuesta a la primera publicación)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajajajaja. No sé quién eres, pero sí, estaría bien que se lo enviase al marido de su hermana también. Debería haber más información sobre estos temas, tanto para las mujeres como para los hombres.

      Eliminar
  4. Ni me imagino el dolor y el sufrimiento que habrás pasado y además sin el apoyo de tu pareja tal vez a superar esa situación ha puesto un granito de arena para hacerte ser la persona tan especial que eres

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. Hubo mucho dolor, sí... y momentos en los que parecía que no había nada a lo que agarrarse. Con el tiempo he entendido que no era tanto lo que ocurrió, sino lo que fui capaz de hacer con ello.
      No sé si eso me hace especial, pero sí me ha vuelto más consciente, más humana, y, sobre todo, más en paz conmigo misma

      Eliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Habitar el vacío

Cuando una radio se apaga

El olor a limpio, donde empieza la paz