La magia de las coincidencias

Hay coincidencias que apenas duran unos segundos.
Las escuchamos.
Sonreímos.
Movemos la cabeza.
Y seguimos con nuestra vida.
Pero algunas tienen algo distinto.
No porque sean imposibles.
No porque desafíen las leyes del universo.
Sino porque llegan en el momento exacto en que necesitamos detenernos un instante y preguntarnos:
"¿En serio?"
Hace unos días escribí sobre una pulsera roja que llegó a mí de forma inesperada.
Una de esas pequeñas historias que, por alguna razón, terminan encontrando un lugar en el corazón.
Hoy un amigo me contó que, varios días antes de leer aquel texto, había encontrado una pulsera roja olvidada en la guantera de su vehículo.
Venía de una de esas semanas en las que parece que todo decide estropearse al mismo tiempo.
Un problema.
Luego otro.
Y otro más.
Hasta que, en medio del cansancio, apareció aquella pulsera.
Se la puso casi por impulso.
Como quien sonríe ante una superstición sin saber muy bien si cree en ella.
Días después leyó mi reflexión.
Y entonces ambos nos quedamos con la misma sensación:
"Qué curioso".
No porque pensáramos que el universo nos estaba enviando un mensaje secreto.
Sino porque hay coincidencias que tienen la extraña capacidad de recordarnos algo importante.
Que nuestras vidas se cruzan más de lo que imaginamos.
Que vamos caminando por nuestros propios senderos, con nuestras preocupaciones, nuestros pensamientos y nuestras pequeñas batallas silenciosas.
Y, de repente, descubrimos que alguien, sin saberlo, estaba pasando cerca del mismo paisaje.
Quizá por eso nos gustan tanto las coincidencias.
Porque durante un instante rompen la ilusión de que vamos solos.
Nos recuerdan que, aunque cada historia sea única, hay experiencias, símbolos y momentos que aparecen simultáneamente en lugares distintos.
Como si la vida, de vez en cuando, se divirtiera haciendo pequeños guiños.
A veces pensamos que la magia tendría que ser algo extraordinario.
Y quizá nos equivocamos.
Quizá la magia es precisamente esto.
La forma en que la vida enlaza pequeñas historias sin pedir permiso.
La manera en que ciertos símbolos aparecen una y otra vez.
La sensación de que, por un instante, todo parece estar conectado.
No para demostrar nada.
No para convencernos de nada.
Solo para recordarnos que vivimos en un mundo mucho más misterioso de lo que solemos creer.
Y tal vez ese sea el verdadero regalo de algunas coincidencias.
No demostrar que existe un significado oculto.
Sino devolvernos algo que muchas veces perdemos entre las prisas, las obligaciones y la rutina.
La capacidad de asombro.
Porque hay algo profundamente hermoso en seguir siendo capaces de sorprendernos.
En sentir que todavía quedan rincones de la realidad que no comprendemos del todo.
En aceptar que no todo tiene que ser explicado para tener valor.
Tal vez la magia no sea una fuerza que mueve el mundo.
Tal vez sea la mirada con la que lo observamos.




Comentarios

  1. Si es muy bonito me has hecho recordar cuando encontré las gafas en esa situación de desolación y gracias

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