Cuando dudo si merezco


Durante mucho tiempo pensé
que mi miedo era perder.

Ahora empiezo a reconocer
otro más silencioso:
el miedo a recibir.

A que el amor sea pleno.
A que la calma no se rompa.
A que lo bueno llegue
sin pedirme algo a cambio.

Como si la vida tuviera que doler
para ser válida.
Como si la facilidad escondiera siempre
una trampa.

Aprendí a esforzarme de más.
A justificar lo que me hacía bien.
A desconfiar de lo que fluía.

Si algo llegaba sin lucha,
mi cuerpo se tensaba.
Esperando el precio.

Este miedo no grita.
Se disfraza de prudencia.
De modestia.
De conformidad.

Se parece a no pedir.
A no esperar.
A aceptar menos
de lo que el alma desea
porque, en el fondo,
una parte de mí aún pregunta
si de verdad lo merece.

Y no habla solo de amor.
Habla de trabajo.
De dinero.
De descanso.
De placer.

De permitir que la vida sea amable
sin sospechar de ella.

Quizá sanar no sea demostrar que valgo.
Quizá sea dejar de vivir
como si tuviera que ganármelo todo.

Tal vez no se trate de ser suficiente, 
sino de dejar de medirlo todo
desde la herida.

Y empezar, muy despacio,
a recibir...
sin justificarme.




Recibir, sin justificarme




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Este texto nace de una pregunta silenciosa que aparece cuando el ruido baja:
la duda de si realmente merecemos lo bueno que llega sin esfuerzo,
la calma que no duele,
la abundancia que no exige sacrificio.
No habla de carencias externas,
sino de un diálogo interno aprendido:
ese que nos lleva a desconfiar de lo fácil,
a justificar lo que nos hace bien
o a pensar que todo lo valioso debe ganarse a base de desgaste.
La herida de no sentirse suficiente no siempre se manifiesta como tristeza.
A veces se disfraza de prudencia,
de conformidad,
de "así está bien".
Esta reflexión no busca dar respuestas ni señalar soluciones.
Es un intento de observar con honestidad
cómo el miedo a no merecer puede limitar nuestra forma de amar,
de trabajar,
de descansar
y de recibir.
Escribo desde un lugar de conciencia,
no de conclusión.
Desde el proceso de aprender a permitir
que la vida sea amable
sin sentir culpa,
sin sospecha,
sin tener que justificarlo todo.



Comentarios

  1. El fracaso de no tener lo que yo buscaba conformarme con lo que me ha venido en el trabajo en el amor en la vida pero nunca es tarde para cambiar y no tener miedo al fracaso

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