El mirlo que me recordó quién soy
Estos días he estado preocupada.
No un rato.
No por algo concreto.
No un rato.
No por algo concreto.
Preocupada de esa forma silenciosa que acaba ocupándolo todo.
Es curioso cómo funcionan las preocupaciones.
No llegan haciendo ruido.
Llegan despacio.
Y, cuando quieres darte cuenta, ya estás enterrada en ellas y han cambiado la luz de todas las habitaciones.
Empiezas a mirar la vida a través de ellas.
Las decisiones pesan más.
Los sueños parecen más lejanos.
Hasta la esperanza empieza a hablar en voz baja.
Y un día olvidas que hubo un tiempo en el que respirabas sin sentir ese peso.
Esta mañana, a las seis, antes de que amaneciera...
Como casi todos los días.
Diez minutos.
Después se marchó.
Nada extraordinario.
Y, sin embargo, mientras lo escuchaba, entendí algo.
El mirlo no vino a salvarme.
Ni a traer respuestas.
Ni a prometerme que todo saldrá bien.
Solo hizo lo que lleva haciendo desde hace meses.
Cantar.
Y, de repente, comprendí que quizá la vida hace lo mismo.
La vida sigue cantando incluso cuando yo solo soy capaz de escuchar mis miedos.
No deja de florecer porque yo esté cansada.
No deja de amanecer porque yo dude.
No deja de sostenerme porque, por momentos, haya olvidado que también sé sostenerme yo.
Las preocupaciones tienen la costumbre de hacernos creer que ocupan todo el paisaje.
Pero basta el canto de un mirlo para descubrir que el paisaje seguía ahí desde el principio.
Que el cielo nunca dejó de existir.
Solo había pasado demasiado tiempo mirando al suelo.
Y quizá eso sea confiar.
No obligarme a sentirme fuerte.
No repetirme que todo irá bien.
Ni luchar contra cada pensamiento que intenta convencerme de lo contrario.
Quizá confiar sea levantar la cabeza.
Respirar.
Escuchar.
Y recordar que la vida no dejó de caminar conmigo solo porque yo, durante un tiempo, dejara de verla.
Entonces comprendí algo que me conmovió.
El mirlo nunca me enseñó a confiar.
Solo me recordó que hubo una María José que ya sabía hacerlo antes de llenarse de preocupaciones.
Y tal vez esa sea la esperanza más verdadera.
No tener que convertirme en alguien nuevo.
Sino volver, poco a poco, a la mujer que el miedo nunca consiguió borrar.
Porque hay una parte de mí que sigue intacta.
Una parte que las preocupaciones pueden cubrir, pero no romper.
Y basta el canto de un mirlo, antes de que amanezca, para recordar el camino de vuelta hacia ella.

😍😍 Mi abuela materna siempre me dijo "Si algo tiene solución, por qué preocuparse? Y sí no la tiene, por qué preocuparse? Las cosas solamente se afrontan.
ResponderEliminarBuenos días preciosa 😘😘
Ni miedo, ni pereza, ni vergüenza. Ánimo y mucha fuerza!
ResponderEliminarTú eres nuestro mirlo gracias 🤗
ResponderEliminarSi solucionas cada circunstancias, con palabras, ole tú.
ResponderEliminar