Decidir, aunque tiemble el suelo
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| No esperé a que el suelo dejara de moverse. Solo cambia quien decide avanzar. |
Hay una clase de miedo que no hace ruido.
No grita.
No rompe nada de golpe.
Simplemente se sienta contigo... y espera.
El mío estuvo meses sentado a mi lado.
Cuando me despidieron del trabajo en el que había estado casi cinco años, ya tenía algo construido en silencio: el nombre de mi empresa, su identidad, incluso la página web esperando. Sabía lo que quería hacer. Tenía la idea. Tenía las manos preparadas. Y, aun así, no daba el paso.
No era falta de ganas.
No era pereza.
Era miedo.
Miedo real.
Del que no se disfraza de teoría ni de inspiración:
¿Y si no funciona?
¿Y si no puedo mantener a mis hijos?
¿Y si mi casa se tambalea por una decisión mía?
Ese miedo no se apaga con frases bonitas. Se mete en el cuerpo. Te acompaña al acostarte. Aparece cuando miras facturas, cuando haces números, cuando imaginas el futuro con demasiado espacio en blanco.
Hay noches, y esto me cuesta admitirlo, en las que el peso entero de la responsabilidad se instala sobre mi pecho. No es una idea, es físico. Me falta aire. Pienso en mis hijos, en su tranquilidad, en su seguridad...y dudo de mí. Dudo de si tengo derecho a arriesgar cuando lo que está en juego es su estabilidad.
Pospuse.
Esperé señales.
Intenté sentirme preparada.
Pero un día entendí algo incómodo y liberador a la vez:
decidir no es dejar de tener miedo.
Decidir es moverse con él.
El día que me di de alta como autónoma no hubo épica. Hubo vértigo. Hubo exposición. Hubo esa sensación de cruzar una puerta sabiendo que no hay garantías al otro lado.
Y aquí estoy ahora.
Repartiendo tarjetas.
Presentándome.
Entrando en lugares donde antes habría pasado de largo.
A veces con seguridad.
A veces con la voz del miedo susurrando escenarios catastróficos.
Pero saliendo igualmente.
Porque he descubierto algo: el miedo no desaparece cuando avanzas. Camina contigo. Te recuerda lo que está en juego. Lo que amas. Lo que quieres proteger.
No estoy construyendo esto desde la certeza.
Lo estoy construyendo desde la vulnerabilidad.
Desde la responsabilidad.
Desde el amor feroz por mi familia y por la vida que quiero sostener.
No sé hasta dónde llegará este camino.
No tengo garantías.
Pero tengo movimiento.
Tengo propósito.
Tengo intención.
Y a veces, cuando una decide salir al mundo, eso basta para seguir caminando.

Ánimo con la empresita!!! El éxito seguro que llegará!!!
ResponderEliminarEso se llama valentía y seguro que te irá muy bien
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